PASEOS POR LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Huir es el mayor de los placeres; deambular por las calles de Las Palmas de Gran Canaria, la mayor de mis aventuras. Aún así, cuando me aproximo de nuevo a la puerta de casa, resulta reconfortante sentir que me envuelve las viejas pertenencias, los viejos perjuicios, y que el yo, que ha revoloteado llevado por el viento en muchas esquinas, que ha aleteado cual paloma en el pavimento a la vez que en los salientes de las fachadas, se resguarda y se refugia. Ahí está de nuevo la puerta vieja y acristalada de siempre, la mesa de escritorio a un lado de la estancia, tal como la dejé, y debajo la manta color tierra desgastada de la perra.
Al principio de vivir aquí, todas las calles perpendiculares a Triana, me parecían iguales. Pero poco a poco fui descubriendo que esto no era así.
Empezando por la calle Cano que da paso a todas esas calles que te envuelven y te invitan a consumir y a gastar el dinero que no tienes.
Olor a paella de los bares terraza que se mezcla con los olores invernales de los puestos de castañas asadas muy cerca de Triana. Las Palmas huele a orín, a música callejera, a libros, bares, boutiques y teatro.
Todo lo que necesites, lo tienes en cada esquina, en cada tramo de calle.
He ido descubriendo poco a poco sitios nuevos a la par que a gente extraña y otras veces, a buenas personas.
Las Palmas de Gran Canaria en sí misma es perpetuamente atractiva; atrae, estimula, me ofrece una película en el cine Monopol, una obra de teatro en el Teatro Cuyás, tiendas y más tiendas, sin tomarme la mínima molestia, como no sea de caminar por sus calles.
He llegado a sentirme muy bien aquí pero en ese deambular por esos lugares llenos de gente, ha salido mi parte más oscura y solitaria.
Más allá de la plaza de San Telmo, todo me parece inhóspita y deshumanizada. Será porque no la conozco bien. Como diría Virginia Woolf en su libro Paseos por Londres, "toda ciudad tiene sus partes claras y oscuras".
Hoy, caminado por General Bravo hacia el Gabinete Literario, me parece una delicia ver al fondo de la calle, la torre de la catedral de Santa Ana.
Cuando uno piensa en una persona que no se le conoce madre o padre, uno lo piensa, sólo y desamparado. Pero cuando el progenitor está cerca, esa persona ya no la sientes sola, sino protegida.
Continuará...


Esta son mis primeras impresiones de mi estancia, desde hace ya un tiempo, en Las Palmas de Gran Canaria. Seguiré escribiendo sobre lo que me inspira vivir en un sitio especial y entrañable cerca de Triana y Vegueta.
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