Recuerdos de Lisboa
"El viaje es el arte del encuentro"
Fernando Sánchez Dragó
Mientras estuvimos recorriendo LIsboa, nuestra mayor preocupación era localizar el lugar que habíamos decidido visitar a través del mapa que llevábamos de la ciudad.

Fue al llegar a casa, con el paso de los días, cuando empecé poco a poco a descubrir Lisboa. Esa ciudad llena de luz y colores que te envolvía con su gente, sus funiculares, sus autobuses pequeños y a veces grandes que se precipitaban calle abajo.
Mi recuerdo parte del barrio de Alfama. Después de llegar a la parada 28, para tomar el funicular que nos llevase al castillo de San Jorge, nos dejamos arrastrar por un ir y venir de gentes que subían y bajaban alegremente.
La experiencia fue inolvidable porque teníamos la sensación de encontrarnos en una época pasada con callejuelas adoquinadas y donde el funicular lleno hasta la bandera, sorteaba con gran maestría todo lo que se le pusiera por delante.
Nos reímos mucho sintiendo que esos entrañables rincones de Lisboa, con el mirador de Santa Lucia, el castillo de San Jorge, el barrio Alto con sus anticuarios y El Chiado con el antiguo Café A Brasileira formarían parte de nuestros recuerdos para siempre.





Fernando Sánchez Dragó
Mientras estuvimos recorriendo LIsboa, nuestra mayor preocupación era localizar el lugar que habíamos decidido visitar a través del mapa que llevábamos de la ciudad.
Entre idas y venidas, después de habernos equivocado muchas veces guiándonos con el GPS, no nos percatamos de lo que escondía Lisboa.

Fue al llegar a casa, con el paso de los días, cuando empecé poco a poco a descubrir Lisboa. Esa ciudad llena de luz y colores que te envolvía con su gente, sus funiculares, sus autobuses pequeños y a veces grandes que se precipitaban calle abajo.
La experiencia fue inolvidable porque teníamos la sensación de encontrarnos en una época pasada con callejuelas adoquinadas y donde el funicular lleno hasta la bandera, sorteaba con gran maestría todo lo que se le pusiera por delante.
Nos reímos mucho sintiendo que esos entrañables rincones de Lisboa, con el mirador de Santa Lucia, el castillo de San Jorge, el barrio Alto con sus anticuarios y El Chiado con el antiguo Café A Brasileira formarían parte de nuestros recuerdos para siempre.






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